Richter|Richter
En medio de la reparación de nuestro departamento, la casa lleno de polvo, con el computador y plumero en mano, trabajando desde mi oficina freelance me acordé de mi artista favorito, Gerhard Richter. Mi período como estudiante de arte estuvo impregnada de la influencia de este artista alemán, no sólo por la calidad de su trabajo sino también por su indiferencia para pasar de un estilo a otro y su diversidad de técnicas. El uso de la fotografía como modelo y como objeto de investigación, la carga que le otorga a imágenes fotográficas cotidianas al ser llevadas a pinturas, los “blurs” tan característicos de sus primeros trabajos, sus trabajos en blanco y negro, la cartas de colores llevadas a pinturas, la exposición Atlas en donde muestra la evidencia de todos sus modelos fotográficos, sus últimos trabajos de pinturas abstractas, en fin, toda su obra que va desde los años 60 hasta el día de hoy me hace pensar que este tipo me hubiese entendido a la perfección cuando empecé a pensar en arte.



En las escuelas siempre buscan una línea de estilo en tu trabajo, para poder entenderlo, clasificarlo y analizarlo de manera más simple, para poder aplicar categorías a fin de cuentas, mientras que desde mi punto de vista lo que realmente importa en la labor artística – o bien de cualquier tipo de trabajo relacionado con la autogestión – es el rigor y la disciplina con la que mantienes vivo el poder de generar ideas. Las ideas cambian, como todo concepto abstracto de pensamiento nunca se mantienen igual, miras al lado y puede que ya no pienses lo mismo que ayer, o que hace un par de horas de un tema, y eso es precisamente lo que le otorga dinamismo a cualquier labor humana, y por supuesto, al trabajo de Richter.
Llegué a pensar en Richter hoy por una secuencia de asociaciones muy burda. Miré hace unos 20 minutos la pared del living que después del terremoto había quedado bien lamentable en apariencia, una fractura fea que evidenciaba los ladrillos y el cemento bajo muchas capas de pinturas (descubrí tambien que este departamento alguna vez estuvo pintado color celeste-turquesa-baño-viejo), y cuando lo miré ya nada de eso estaba, ahora se ve en perfectas condiciones y ya no queda casi rastro del terremoto después de un mes de mirar grietas constantemente. Básicamente me había acostumbrado a revivir la sensación de estar en una coctelera gigante, lo que si lo relacionas con un carrete de igual proporciones está bien, pero no desde la perspectiva del cubo de hielo. Y bueno, de ahi me vino a la cabeza la escala de richter, los 8.3 que hubieron en Santiago (si mal no recuerdo) y eso mezclado con el color viejo del departamento me recordó a mi queridísimo artista. Ahora, a bancarse el polvo y empezar de nuevo con la limpieza total.
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